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20/09/11

12 HORAS DE AUTOSTOP. OBJETIVO CUMPLIDO


Como ya dije en otras ocasiones, cuando llegué al Cuartel de la Reserva General, en Salamanca, tuve la gran suerte de conocer a un muchacho, de Barcelona, que era cabo furrier en la compañía de Zapadores en la que yo estaba destinado. Este era el contacto que yo tenía en el cuartel para todas las necesidades que me pudieran surgir; el que me mantenía informado de lo bueno y de lo malo que se me podía presentar en el cuartel. Este era el contacto que me avisaba, cada día, de los cursos de estudio que llegaban como oferta de estudios para los reclutas; como ocurriera cuando el tema de la CTNE.

El mes de diciembre había ido pasando día a día, sin prisas pero sin pausa; la monotonía reinaba en el ambiente, como siempre, en el sentido de que todos los días teníamos la misma actividad, como decimos en Fonta, todos los días la misma canción. Por la noche retreta, la trompeta tocaba “a Retreta”: ¡tatiiiii tatitotitotiiiiiii! … y los soldados debíamos de preparar la cama y acostarnos. En las compañías sólo quedaban en pie los soldados de guardia, que se turnaban cada hora con otros que iba llegando según la lista. Por la mañana “Toque de Diana” ¡tata tatito titotitotito! tata tatito titotito ti! y todos a levantarse de la cama, a asearse y al desayuno. Pasado el desayuno teníamos una hora de gimnasia en pantalón corto y camiseta,… -con el frío que hacía en Salamanca, casí na. Acababa la gimnasia y teníamos otra hora de instrucción, todos a desfilar y aprender a estar toda la compañía desfilando al toque de corneta ¡tito tiiii tatitotito tito tiiiii tatitoti! Luego, los viernes por la tarde, desfilábamos todas las compañías en presencia del coronel, el señor Murillo Bajón. -A mí se me ponía el pelo de punta cada vez que desfilaba y oía el replicar de los tambores. ¡pan pan parapan, pipa parapipa porrón porrón!

Estábamos a mediados de diciembre. Nos encontrábamos en fechas de navidad. -Día del señor de 22 de diciembre del año 1978. Como diría el NODO de los cines de entonces -La compañía estaba desierta, el que más y el que menos tenía permiso y ya se había largado del cuartel. Esta navidad, los permisos se organizaron bastante bien. Un primer turno de “Navidad”, hasta el día 27 o 28 de diciembre. un segundo turno de “Noche Vieja” hasta el 3 o 4 de enero y un tercer y último turno de “Reyes” hasta el 8 o 9 de enero. El día de marras, llego a la compañía y allí se encontraba mi amigo el cabo furrier, que por cierto, no recuerdo su nombre. -Es que tienes pensado pasar la navidad en el cuartel. Me dijo, a lo que yo le contesté –pues claro, si no tengo donde caerme muerto, con tanta fiesta me he quedado sin blanca. Pilló y me dio mil pesetas (6€) y me dijo –toma mil calas, cuando vengas me las devuelves y sal por esa puerta y ni mires para atrás.

Yo las cogí y me puse en marcha. –Son las 5:30 de la tarde y el tiempo apremia. Me dije. Cogí las mil pesetas, me vestí de bonito (traje de paseo) e hice justo lo que mi amigo me había indicado, dirigirme hacia la puerta y sin mirar atrás, salir del cuartel. Fui toda una acera sin dejarla hasta que crucé Salamanca y me puse a hacer autostop en la salida de la carretera de Madrid. -Menudo plan que tengo por delante.

–Bueno, ahora viene la segunda parte. A ver que es lo que me espera hasta que llegue al pueblo. Me decía a sí mismo. No tardó mucho en cogerme un coche, de cuyo conductor no recuerdo su cara, ni nada, y me llevó hasta Ávila. Me dejó sobre las 12:30 de la noche. Me situé en un Stop que había en la carretera junto a la muralla. Estaba previamente nevando un poquito y la noche no se presentaba de lo mejor. Mi cabeza pensaba -cuánto tiempo me quedará que estar aquí esperando hasta que pase un coche y luego que me quiera llevar. Previniendo de antemano lo que pudiera venir, me puse bien puesto el tres cuartos (el chaquetón militar), me puse bien puesto el tapabocas o braga y la gorra en mi cabeza pillando por encima a la braga. -La verdad es que me encontraba a gusto. Me sentía poco menos que un héroe que en estos momentos estaba desafiando a la noche. Al mismo tiempo me movía de un lado a otro para mantenerme en calor. No tenía miedo y mis expectativas eran el objetivo que me había propuesto: -llegar a Fontanarejo haciendo AutoStop.

Pasadas una hora o así, ya sobre la 1:00 de la madrugada, llega un coche y para en el Stop. Dándome plenamente a ver y mostrando mi tarjeta de militar me dirijo directamente a la ventanilla para hablar con él. –Bueno que haces aquí a estas horas, con lo que está cayendo. Me dijo el conductor de aquel vehículo, antes de que yo hablara. Yo le contesté –voy para Madrid. Soy de un pueblo de Ciudad Real donde voy a pasar la Navidad. El conductor contestó –vale, te subo porque veo que eres un militar. Está bien. Sube. A lo largo del camino me fue contando que era pescadero en Ávila y que viajaba a Madrid a comprar el pescado para esa navidad. –Parece raro, pero es aquí en Madrid donde se vende el mejor pescado y no en las zonas de playa y ello porque los pescadores congelan el pescado en alta mar y lo enviaban directamente a Madrid. Me decía. Yo no sé que le contaría, pero fue un viaje ameno y agradable. Llegamos a Madrid sobre las 3 ó 4 de la madrugada.

Ya en Madrid, me dirijo andando por la M-30, sobre el río manzanares, hasta la Plaza Elíptica, buscando la nacional 401 que unía Madrid con Andalucía. Y de nuevo me pongo a hacer autostop. Me coloco, una vez más, sobre un semáforo. –ponerse en un semáforo o un Stop, es una buena estrategia porque estos son puntos de obligada parada para los vehículos y permiten intercambiar algunas palabras con los conductores. Aquí me recogió otro coche, de cuyo conductor no recuerdo nada, ni su cara. Tampoco la conversación que tuvimos hasta llegar al cruce de manzanares, donde me dejó sobre las 8:00 de la mañana. Me situé cerca de la carretera que va a Ciudad Real, junto al Parador Nacional. No pasaron más de 30 o 40 minutos. Me recogió un coche en cuyo interior iban dos jóvenes que me dejaron, sobre las 10:00 de la mañana en Piedrabuena; -bueno, joven, ya estamos en Piedrabuena, que tengas suerte y si alguien te pregunta no digas que te hemos traído nosotros. Me dijeron antes de separarme de ellos. No sé cual era el motivo para que no dijera nada, pues además ni los conocía.

En Piedrabuena me recogió el técnico electricista que iba a Arroba a reparar. –Bueno, es un coche oficial y no puedo subir a nadie, pero venga, sea lo que Dios quiera. Me dijo antes de invitarme a subir en su coche. De esta forma, sobre las 11 de la mañana ya estaba en el pueblo vecino de Arroba. Acababa de bajarme del coche y me dirigía a la salida de la carretera dirección Fontanarejo y me encontré con Felipe el chato que, en estos momentos, iba para Fontanarejo. Le noté sorprendido de verme a esas horas allí. –Qué haces a estas horas por aquí. Me habló, a lo que le contesté –llevo toda la noche haciendo autostop, desde Salamanca al pueblo.

Media hora más tarde me encontraba en Fontanarejo. Noté a mi madre igualmente sorprendida de verme a estas horas allí. Después de saludar a mi familia y amistades, me eché a dormir en la cama, cosa que aún recuerdo lo feliz que estuve, y dormí hasta por la noche. Este es uno de esos sueños que uno recuerda, que imagino todos tenemos alguno en la memoria. Tres o cuatro horas más tarde me levante, salí a la puerta, miré hacia la Peña Redonda y me dije: - 12 horas de Autostop … objetivo cumplido, estoy en mi pueblo.



Baldomero Arias Muñoz (septiembre de 2011)

02/06/11

MIS PRIMEROS DÍAS EN EL CAMPAMENTO





Uno de aquellos señores con bata, de los que hablé en otro momento, se dirigió a nosotros … –reclutas, pasen de uno en uno, por favor. Yo, que estaba el primero, dí unos pasos al frente, crucé la puerta y me encontré, de golpe, con dos enfermeros, uno a mi izquierda y otro a mi derecha, con una aguja en la mano cada uno. –pega las manos a la cintura y te mantienes quieto, sin moverte. Me dijo uno de estos enfermeros con bata blanca al tiempo que me pinchaba la aguja en el hombro derecho y el otro enfermero me pinchaba, a la vez, como quien dice, en el hombro izquierdo. La verdad es que como sentí los dos pinchazos a la vez, no supe a que lado atender, así que digamos que la entrada del gemido del hombro derecho, anuló la salida del gemido del hombro izquierdo. Seguido, uno de estos enfermeros me dijo -Camina hasta el fondo, hasta donde están mis dos compañeros.

Así hice hasta llegar donde otros dos señores, también con sus batitas, me colocaban una jeringuilla sobre las agujas que previamente me habían pinchado en mis hombros y descargaban su contenido en mis carnes. –Ya vas apañao. Oí decir por ahí. Cuando todos fuimos vacunados, nos sacaron de la enfermería y nos dejaron descansar en un patio donde había unos árboles y varios bancos, cagados por los pájaros, alrededor sobre la tierra, sin césped, más seca que un higo.

Unos días más tarde, me ocurrió la primera novatada. Entramos en el comedor. Se trataba de una gran sala con mesas, mesas y más mesas; la verdad es que a mi no me resultaba muy impactante porque recordaba el comedor de los jesuitas donde había estado interno durante cuatro largos años; sí me resultó novedoso el olor a pote que allí había y que impregnaba cada uno de los rincones de aquel colosal comedor. Se entraba en fila de dos, despacio, y nos colocábamos de pié, detrás de la silla; ésta ya colocada previamente en la mesa. Una vez sentados, sólo nos servían primero y segundo plato; el postre y el pan ya estaban servidos. Bueno, pues aquel día teníamos uvas de postre; - unas uvas frescas, brillantes, que tenían como gotitas de rocío; vamos que estaban para comérselas. Según llegué a la mesa de marras, estiré la mano, así como sin quererlo, y cogí una carpa de aquellas deliciosas y tentadoras uvas. Al tiempo que me llevaba las uvas a la boca, miré de reojo a mi derecha y, de repente, mi mirada se cruzó con la mirada del sargento que estaba tomando buena nota de lo que yo hacía. – Eh tú recluta. Dijo mirando hacia donde yo estaba. Yo me hice el tonto; pero no me sirvió de nada. Volvió a dirigirse hacia donde yo estaba, con la voz aún más alta. –Tú, si tú, el de las uvas… después de la comida ven a verme! Yo agaché la cabeza y me dije – Baldo, ya te la has cargao. De momento, ya me pasé toda la comida pensando la que se me venía encima; indagando a mi alrededor qué solía pasar en aquellos casos. No hizo falta que yo me presentara al sargento, él mismo llegó por allí minutos después, a la mesa donde me encontraba. –Esta tarde, sobre las seis te pasas por la cocina que tengo un encargo para ti. Me dijo el sargento con voz sarcástica, como si de una broma se tratara. Más tarde, llegada la hora de la cita, cogí tabaco de mi taquilla, por si me dejaban fumar, y me fui por la cocina. –Permiso. Dije con voz fuerte para que se oyera. Alguien me contestó al fondo –Ni se te ocurra dar un paso más, ¡recluta!… espera ahí a que venga el sargento. Pronto apareció el sargento y me hizo seguirle junto a otros tres compañeros que también estaban citados conmigo. Nos desplazamos a una sala donde había dos contenedores llenos de patatas, de todos los tamaños: pequeñas, medianas y grandes. –Esta es vuestra tarea. Hasta que no acabéis, de aquí no se mueve ni dios. Dijo el sargento dirigiéndose a nosotros.

Nos miramos unos a otros y nos encogimos de hombros, al tiempo que intentábamos asimilar la faena que teníamos enfrente. Yo cogí un cuchillo reviejo, con las cachas de madera gastadas y el filo un tanto envejecido, vamos el que más me gustó; agaché la cabeza y comencé a pelar, a pelar, a pelar y a pensar, a pensar y pensar. Vamos que acabé pelando patatas con la mano izquierda con la misma agilidad que si con la derecha se tratara.

En aquellos momentos recordé cuando, con 15 años, estaba en el hotel Cap Sa Sal de Bagur, Gerona, trabajando la temporada de verano de 1972 por tres meses, de pinche de cocina y me dije para mí mismo –ánimo Baldo, esto no es nada comparado con lo del hotel Cap Sa Sal, aquí sólo son 15 sacos de patatas para tres reclutas.




Baldomero Arias Muñoz (junio de 2011)


03/03/11

VISITA DEL PRESIDENTE DE LA DIPUTACIÓN
PROVINCIAL D. NEMESIO DE LARA


Señor Presidente de la Excelentísima Diputación Provincial y acompañantes, este es nuestro Punto Limpio, el Punto Limpio de Fontanarejo que tanta falta nos hacía y que tanto deseábamos los fontanarejeños.

1.- El Punto Limpio de nuestro pueblo, se encuentra entre los primeros del entorno; destaca de otros, por sus cerca de 8000 m2 de explanada destinada al depósito transitorio y reciclado de escombros de construcción. Este es un valor añadido conseguido por la gestión y propia iniciativa de Abraham Martín.

Los Residuos de Construcción han sido contemplados en las Ordenanzas Municipales que estamos elaborando y permitirán que este Punto Limpio sea gestionado con coste cero; dicho de otra manera, no cueste nada a las arcas de este ayuntamiento.

Con relación a su uso, tenemos previsto que se abra los viernes de 10 a 1:30 y sea atendido por el empleado del ayuntamiento que en esos momentos haga la limpieza municipal. Por tanto el control sobre el mismo se ejercerá por una doble vía, por un lado, el registro con nombre, apellidos y tipo de residuos de usuario en el Libro y, por otro, el empleado del ayuntamiento que será el encargado y responsable del vertido y reciclado.


2.- Señor Nemesio de Lara su visita, cosa que nos honra a los fontanarejeños, nos trae el “Nuevo Plan Urbanístico”, tan esperado como deseado y que tantas lagunas legales resuelve.

Dentro del casco urbano de nuestro pueblo, había casas y solares clasificados como de terreno rústico; lo que no permitía ser tratados documentalmente como urbanos; no permitía pedir subvenciones para implantar servicios urbanos; pues bien, con el Nuevo Plan Urbanístico todos estos problemas quedan resueltos. Desde este ayuntamiento deseamos que todos los vecinos disfruten de ello.

3.- Señores, muchas han sido las intervenciones que el grupo socialista en el ayuntamiento ha puesto en marcha durante estos años. Pero quiero mencionar la de los “Empedrados Rústicos” del entorno de la Iglesia y de la Fuente Vieja; Porque con ellos no sólo hemos buscado el uso y disfrute de nuestros vecinos, sino además hemos pretendido que sean una atracción para los turistas que nos visitan.

Desde el primer momento en que estas calles se empedraban muchos fueron los vecinos que se daban cuenta de que una “Restauración de la Fuente Vieja y su entorno” debía ser imprescindible para completar los empedrados. Así me lo hacían llegar, a lo que yo contestaba –no hay dinero para ello, no hay dinero para ello lo siento y los vecinos me insistían, pues pídeselo a Don Nemesio de Lara, que dicen es paisano de José María, aquel cura de la Solana que estuvo en el pueblo, verás como lo tendrá en cuenta.

Y como el pueblo es soberano y el que manda, yo me dispongo a obedecer y pedir a Vd los 25000 € que según Javier Ortega, arquitecto municipal, nos hacen falta para transformar la Fuente Vieja y su entorno, lugar donde parece se fundó nuestro pueblo, y pueda quedar como un lugar de visita y fotografía para todo el que nos visite.

Señor Nemesio, de propia iniciativa, quiero aprovechar para decirle que tenemos una “Carpa Multiusos” donde celebramos conferencias, asambleas y fiestas locales. Entre éstas destacan las “Luminarias” de gran atractivo turístico. Pues bien, esta Carpa tiene un grave problema de insonorización que me preocupa. Necesita una inversión de unos 15000 €, que no tenemos, para eliminar este problema y poder así disfrutarla plenamente.

4.- Queridos vecinos de Fontanarejo, así somos y actuamos el grupo socialista, por y para nuestro pueblo; sacando tiempo para atender nuestro ayuntamiento.

El Punto Limpio, el Nuevo Plan Urbanístico, son ejemplos de ello. Como también lo son la ampliación del cementerio municipal, el arreglo de la calle estación, la calle palomero, la calle don diego. Como lo son los empedrados de la calle iglesia, calle fuente, travesía fuente. Como lo son el arreglo de la mayoría de los caminos rurales. Tantas y tantas actuaciones que han sido posibles por la iniciativa y gestión del grupo socialista.

Y a ustedes que hoy nos visitan, les digo que ya pueden estar tranquilos porque en Fontanarejo damos a las subvenciones que de la Excelentísima Diputación recibimos el destino asignado, porque en Fontanarejo estamos aprovechando al máximo el dinero que nos llega, porque en Fontanarejo estamos encantados con nuestra Diputación y somos conscientes de la necesidad que de ella tenemos.

5.- A mi pueblo en general y a ustedes que hoy nos vistan en particular, les digo que así somos y actuamos el grupo socialista en Fontanarejo, por y para nuestro pueblo, ideas, proyectos y actuaciones a todos los niveles, que demuestran lo “acertados que todos estábamos cuando en las últimas elecciones municipales todos metimos en la urna la papeleta del grupo socialista”. Esta es nuestra “tarjeta de visita” con la que convivimos día a día, esta es una forma de hacer y sentir a nuestro pueblo. Esta es una “tarjeta de presentación” con la que el próximo mayo acudiremos de nuevo a las elecciones municipales. Gracias a todos.


¡Que viva la Excelentísima Diputación Provincial!
¡Que viva el señor Nemesio de Lara!


Baldomero Arias Muñoz (marzo, 2011)



30/12/10

EN EL CAMPAMENTO

Habían pasado varias horas, ya era cerca del mediodía y hacía un frío del demonio, me estaba quedando pasmao; me encontraba aún en las dependencias militares de la calle Altagracia de Ciudad Real, sentado en aquel banco oscuro, como ya os dije, muy parecido a los que había en la iglesia de Fontanarejo. De repente, se acercó por allí un militar y con voz firme nos dijo –eh ¡reclutas! arriba, poneros en fila de dos, que nos vamos. Fieles a su mandato, nos colocamos en fila y, andando uno tras otro, fuimos montando por la puerta de atrás en coches todoterreno de color caquis que tenían aparcados en la acera de la entrada.
Ya en el todoterreno, corrimos la calle Toledo y, por la Ronda, nos desplazaron hasta la vieja estación de Ciudad Real. Una vez allí, otro militar de aspecto serio se dirigió a nosotros –¡bajamos en fila de dos,… cruzamos la estación y nos dirigimos hasta el tren estacionado allí, en frente!. Todos nos dirigimos hacia aquel tren que estaba casi lleno de reclutas que, al parecer, venían de Andalucía. Según entramos en los vagones, otro militar situado en el interior del mismo, nos hacía señales con las manos para que nos dirigiéramos hasta donde él se encontraba. –Aquí, eh, aquí, ir entrando en los camarotes uno a uno, deprisa, ¡vamos, vamos, que es para hoy!. Se dirigió a nosotros con un vozarrón que parecía un chicote de Bilbao. Nos fueron colocando, camarote por camarote, hasta que llenamos el tren y, de inmediato, partimos hacia la capital, hacia Madrid. De este viaje de Ciudad Real a Madrid no recuerdo nada; imagino que iría ensimismado, entre lo consciente y lo inconsciente; sin dar crédito a lo que me estaba pasando.
Entre el ruido del tren, ruidos de conversaciones mezclados con algunos silencios y algunos bostezos ocasionales, llegamos a Madrid. Quiero recordar que me bajé del tren en el interior de un cuartel. Otro militar, este de más edad que los anteriores, se dirigió a todos –¡atééééééntós! bajamos de uno en uno,… nos ponemos en fila de dos,… y nos quedamos en el patio que está entre los barracones, ¡deprisa, vamos, vamos!; pues así lo hicimos. Llegamos al lugar indicado y, de momento, todos nos quedamos de pie esperando órdenes; pero pasaban los minutos, y las horas, y nadie decía nada, así que poco a poco nos fuimos sentando en el suelo. Sería sobre la una del mediodía y el sol empezaba a dar candilazos; cada recluta estaba donde podía, unos al sol, otros a la sombra, pero todos en el suelo sentados. Yo tenía unas ganas de mear que me llevaba el diablo y en los servicios había una cola enorme, todos esperando a pasar al retrete; no sabía qué hacer, no me ponía a la cola por el calor que hacía; pero por otro lado estaba que explotaba. Vamos que entre el solecillo que hacía y las ganas de mear que tenía, creía que reventaba. A pesar de todo, en un momento dado me levanté del suelo donde me encontraba tirado con otros reclutas y me colé en la fila con no sé qué pretexto. Se oyeron algunos silbidos que yo intuía era su destinatario, pero me hice el longui, agaché la cabeza y aguanté el chaparrón como pude. Y ya no recuerdo más.
Tampoco recuerdo como llegué a León capital, aunque puedo asegurar que fuimos en tren. Ni cómo llegué al Ferral de Bernesga, que fue en todoterreno o furgones, donde se encontraba el Centro de Instrucción de Reclutas, CIR nº 12, al que yo iba destinado. Esta falta de recuerdo, puede ser lo más parecido a lo que en psicología llamamos “Strees Postraumático”, cuyo síntoma principal es el olvido de todo lo acontecido en los momentos posteriores a un accidente o situación difícil. Y qué era esto para mí, sino cuánto menos, una situación muy, muy, muy difícil de digerir.
Me veo de nuevo en fila de dos,… con un grupo grande de reclutas esperando en un patio. Al fondo una puerta que da a un barracón y, dentro de éste, unos señores con batas azules. Parecen como si fueran enfermeros, pero salgo de dudas cuando, de repente, veo salir un compañero pelado al cero. Precisamente, un compañero que momento antes presumía de una gran melena negra que le caía sobre los hombros. Detrás de él un señor, con bata azul y tijeras en la mano, se dirige al grupo que allí esperamos –el siguiente, ¡vamos, vamos, el siguiente!. Y el siguiente soy yo –ahí voy. Dije en voz baja para que se me oyera; sin que pareciera que quería ser oído.
Desde este patio, pero ya pelados y requetepelados, nos desplazaron, de nuevo en fila de dos, a otro barracón que estaba, dentro del campamento, pero una calle más arriba. Por el camino nos encontramos un grupo de veteranos que se reían descaradamente y decían: –estos son los guripas. ¿Qué les han hecho con su pelito?, … parecen nenas. Nosotros, el grupo de reclutas, seguimos andando con la cabeza al frente y con los ojos torcidos, para ver a estos veteranos de reojo. Llegamos al barracón y el militar que nos había guiado hasta allí, se dirigió a nosotros y nos ordenó –pasen hasta el fondo y formen grupos de 20 y se mantengan de pie, en fila y ordenados. Desde donde me encontraba, veía allá en el fondo, a cuatro señores, ahora con bata blanca, que hablaban entre ellos, al tiempo que dirigían la mirada burlona hacia el grupo en el que yo me encontraba; lo hacían así –primero nos miraban, luego hablan entre ellos y, por último, se reían (como entre diente, algo así … ji-ji-ji-jí, ji-ji-jí, ji-jí, jí). Me dije
–éstos sí que son enfermeros; ahora no me equivoco, ni me escapo.
Yo me decía a mí mismo –que se traerán entre manos esta gente. Y aunque intuía de qué se trataba, no quería entenderlo. De nuevo, giré la cabeza un pelín a mi derecha y muy despacio dije al que tenía al lado –no habrá ninguna forma de largarse de aquí. No sé si me contestó alguien o no; pero cuando llevaba un rato, de pie esperando, en mi mente aparecieron aquellos pensamientos que ya sufriera en Ciudad Real, cuando me encontraba sentado en aquel banco oscuro parecido a los que había en la iglesia de Fontanarejo… y otra vez como si me hablara a sí mismo, me dije
–pero hombre, Mero,… de seguro que hasta en la Graja segando cebada con una hoz de filo, como en 1970 cuando segabas con Mónico y tu padre, estarías mejor.

Baldomero Arias Muñoz (diciembre, 2010)

11/10/10

UN VIAJE, UNA CONVERSACIÓN, UN AMIGO




Había llegado de vacaciones desde Bilbao donde trabajaba desde julio de 1979 en Telefónica. En Fontanarejo se pasaba bien en aquellas fechas, igual que ahora también ocurre, que se pasa muy bien. Los que estábamos fuera, en la capital, regresábamos al pueblo, igual que hace una gran mayoría hoy día, siempre que teníamos unos días de vacaciones.


El Señor Hernández era un hombre de edad, jubilado, que desde el Prat de Llobregat venía a Fontanarejo todos los años a pasar sus vacaciones. Un señor que trajo al pueblo, por primera vez, el tío Constante y que le gustaba la caza con delirio. En realidad era un hombre conocido y respetado por todos. Poco a poco se fue integrando en el pueblo y acabó trayendo regalos para todos y, muy importante, aquellos trofeos que donaba en las fiestas de Agosto; porque en aquella época esos trofeos eran una novedad que no los tenía cualquiera.


Buen amigo de mi padre que también era muy cazador; bueno, amaigo de todos los cazadores de la época, del tío Constante, del tío Magdaleno, del tío Alfredo, del tío Eusebio, etc। y amigo mío. Siempre que nos juntábamos en la calle, en los bares, o en el campo, echábamos un rato hablando. Era un señor de muchas historietas y, como buen cazador, le gustaba echar algunos farolillos; pero encantador en su conversación. Yo, aunque joven, también era cazador; prácticamente me habían salido los dientes cazando con mi padre y, aunque no es lo mío, también sabía y sé echar faroles.


Llevaba unos días en el pueblo y el Señor Hernández todo el verano. Un día nos juntamos en la carretera, cerca del antiguo pilar público que había donde hoy tenemos el parquecillo. –Hola, Baldomero, ya estoy acabando mis vacaciones y me tengo que ir para Barcelona. Mi hijo Pedro no puede venir en esta ocasión y tengo problemas para volver al Prat. A lo que yo le contesté –pues yo iré dentro de unos días para allá; tengo la novia en Cornellá, pasaré unos días allí y después partiré para Bilbao. El me contestó –pues te agradecería el poder irme contigo. Yo asentí con la cabeza y, como cabe esperar, contento de poder devolver tantas y tantas atenciones como había tenido aquel hombre para con mi familia.


Así fue como llegado el día, montamos en mi coche mi madre, el Señor Hernández y yo y salimos rumbo a Barcelona. El Señor Hernández, como creo he dicho antes, era un hombre de mucha conversación, yo esperaba un buen y grato viaje en su compañía; fue todo el camino hablando y hablando sin parar. –En una ocasión, me fui a pescar a la playa del Prat, allí por donde trabaja tu cuñado Manolo। Me dijo, mientras yo conducía con atenciónसुस -La verdad en que cuando llegué no hacía mal día pero, poco a poco, fue cambiando hasta que se convirtió en poco menos que un vendaval. Continuó. -En estas condiciones, como cabe esperar, no se puede pescar, por lo que decidí tumbarme debajo de unas matas que había allí y esperar. Yo le miré extrañado sin perder de vista la carretera y le dije –pues echado a siesta poco pescaría. El mirándome con aspecto serio me contestó -Me quedé dormido como un lirón. Cuando me desperté; no te puedo decir el tiempo que estuve dormido, la tormenta había pasado. Yo le contesté –pues vaya pesca que hizo… eso lo hace cualquiera। El Señor Hernández no quitaba ojo de la carretera, pendiente de la conducción que yo, muy joven entonces, hacía; quizás con miedo a que me despistara y tuviéramos un disgusto.


Prosiguió diciendo, -Me despejé un poco y salí andando hacía donde había dejado puestas las cañas. Conforme me acercaba hacia allí, iba viendo un manto oscuro sobre la arena de la playa. Yo le contesté –igual era un grupo de seminaristas que estaban de acampada. El continuó su historieta, -No sabía que podía ser, imaginaba que el mar había echado a la arena algas y deshechos. Pero cuan fue mi sorpresa que cuando estaba a unos metros de allí pude ver con gran admiración que se trataba de peces, pulpos, cangrejos, de toda clase de animales marinos que el mar había echado a la arena. Vivos aún. Yo viendo gracioso el caso me puse a reír con ganas. El Señor Hernández continuó, -Cogí mi mochila y la llené de aquellos ejemplares que más me gustaban y después de disfrutar de tan oportuna vista cogí mi motocicleta, me subí en ella y me marché a casa


Pensaba yo para mis adentros, -vaya toalla. Pienso que se lo cree hasta él mismo. Si no lo veo no lo creo, vaya humor que tiene este hombre. Y dirigiéndome a él le dije –si me permite, le contaré un caso que me ha pasado a mí estos meses de atrás en Bilbao. El me contestó, -adelante cuenta, cuenta. Faltaba más. Comencé –parte de mi trabajo se desarrolla en el campo instalando tendidos de cable de teléfono. Un día instalábamos un cable aéreo en las afueras de Sopelana, entre pinos y un campo verde como he visto pocos. El me contestó –aquella zona es muy verde, pero el Prat es más; lo más verde de España. Yo, que sabía lo buen catalán que era el Señor Hernández, le respondí, -claro porque es de Barcelona, por eso El Prat es el más verde. Continué mi relato -de repente me entró fuertes ganas de hacer mis necesidades. Me entraron unos apretones que, sin decir ni pío, me tuve que alejar de donde estaba el grupo de trabajo. Una vez hice mis necesidades y como no tenía papel para limpiarme, alargué la mano en busca de una piedra con que hacerlo. Cual fue mi sorpresa que cogí un animal, se trataba de una liebre, que en mi mano pataleaba dándome un gran susto. El creyendo que ya había terminado mi historieta me dice –qué suerte tuviste y encima una gran liebre, a mi jamás me paso nada igual. Per una vez ...
-Señor Hernández, espere y verá. Le contesté y proseguí diciendo –Mi reacción fue tirar esa cosa rápido y fuerte, debido a que dudaba qué podía ser aquello que se movía en mi mano, eliminando así todo peligro. –Comprendo, pero… Me contestó el Señor Hernández. Yo continué, sin dejarle acabar, pues lo veía con ganas de retomar la palabra. -Esto pasó que al dar contra el suelo fue a parar contra otra liebre que estaba en la cama y la mató. Así fue como con una liebre maté otra


El Señor Hernández se quedó boquiabierto, sin saber qué decir। Quizás extrañado de no haber oído antes este caso. Le miré a la cara y observé como, posiblemente, él caía en la cuenta de que yo tenía muy claro hasta donde llega la realidad y empieza la ficción. Volví, de nuevo, a mirar su cara y noté la satisfacción que el Señor Hernández, sabio y experto de la vida, estaba experimentando quizá porque a partir de este momento ya tenía otra historieta para su repertorio y un amigo más fiel, si se quiere, que hasta entonces había sido.


Así fuimos pasando kilómetros y kilómetros, yo conducía y, por lo general, él hablaba. Crucé Valencia buscando la autopista que enlazaba con Barcelona. Tardamos unas 10 horas de Fontanarejo al Prat; pero tengo que decir que pocas veces he tenido un viaje de diez horas tan corto, psicológicamente hablando, y entretenido. Quedamos en que la próxima vez me contaría un caso insólito que le pasó una vez, estando de caza, con un bando de grullas.


Baldomero Arias Muñoz (octubre, 2010)

05/09/10

PREGÓN FIESTAS AGOSTO 2010


A mi pueblo, el Fontanarejo de siempre, a mi familia, a mis vecinos, a mis amigos de toda la vida। Hoy con este pregón tengo el honor de proclamar el comienzo de las fiestas de nuestro pueblo, las tradicionales Fiestas de Agosto. Tal como la he conocido toda mi vida, desde pequeño, cuando trillaba allá en la era del tío Trinis; este era el nombre que dábamos a las Fiestas Patronales de La Asunción y San Roque.

¡¡QUE VIVA FONTANAREJO!!


En primer lugar, tengo el gusto y honor de que mi pregón siga al que el año pasado diera Tomás Martín Muñoz, nacido en nuestro pueblo y médico donde los haya; de currículum intachable como estudiante, acabando su carrera en edad temprana con 22 años, hasta el día de hoy como profesional de la medicina. Este paisano nuestro es un orgullo para Fontanarejo, un modelo y un ejemplo a seguir para nuestros hijos.

En segundo lugar, recordar a Isidro Arcos Muñoz, impulsor del proyecto más importante llevado a cabo en Fontanarejo, que diría Ceferino Muñoz Muñoz y yo también lo digo; a José Luis Muñoz, a Faustino Castillo, avales ambos de la concentración, a Augusto Arcos vicepresidente de AFA, a Ceferino Muñoz, a Tomás Muñoz Domínguez, ambos en la comisión local, todos ellos trabajando por nuestro pueblo y compañeros de la Concentración Parcelaria. Hablo de Isidro como presidente de la Asociación de Propietarios de Tierras de Fontanarejo, asociación compuesta por todos los vecinos de nuestro pueblo y cuyo objetivo es la concentración parcelaria. Hablo de él por la fortaleza que transmite al equipo directivo, por la perseverancia en conseguir lo que se propone, por la unión que ha conseguido entre todos vecinos de nuestro pueblo; por su trabajo para que el pueblo recupere, por fin, sus derechos gravemente lesionados, a cobrar los pastos de sus tierras. Todo ello es algo único que nadie ha sido capaz de transmitir como él, espero que algún día decida ponerse al mando de este barco llamado Fontanarejo. También pido disculpas a su familia por todos los contratiempos, por todas las molestias que, bien seguro estoy yo, están viviendo como consecuencia de viajes, como consecuencia de posturas incomprensibles enfrentadas a una única razón: la razón del bien para nuestro pueblo.

Mis recuerdos para Concepción Muñoz, “un juez para una democracia”, es el título que yo pondría a su biografía. Amigo mío desde que era pequeño, fue el Juez durante la mayor parte de los años de democracia española, desde 1978 hasta hoy, fue capaz de ver los cambios que se avecinaban en la sociedad española, de ver las necesidades de nuestro pueblo y, en consecuencia, de impulsar sin condiciones, la concentración parcelaria para su pueblo. Como juez, me consta que tuvo que tomar decisiones arriesgadas en beneficio de mucha gente de Fontanarejo, decisiones contadas a mí personalmente y que yo guardo y admiro. Se marcharon mis mejores consejeros, Conce y mi padre; seguro que los hubiera necesitado muchos años más.

Y esta para nuestro alcalde, Abraham Martín Pavón. En una ocasión me contó que, al día siguiente de ganar las elecciones del 2007, una persona de la oposición, desconocida por todos, se presentó en el ayuntamiento. Su pretensión era decir a nuestro alcalde lo que tenía que hacer. Abraham se negó a ello y esta persona le dijo -tú no sabes quien soy yo. A lo que Abraham contestó –quien no sabe quien soy yo, eres tú. Nieto de Anselmo Martín y Abraham Pavón, ambos alcaldes de Fontanarejo; ¿qué más caché para un alcalde de nuestro pueblo? Todos sabemos, y el que no lo sepa yo se lo digo, el trabajo que está llevando a cabo en nuestro pueblo. Al tiempo que se intenta someter al acoso y derribo por quienes no recuerdan sus propios actos, intentando confundir a las buenas gentes de nuestro pueblo y buscando interpretaciones, de esas que nadie entiende, sobre hechos más que probados. Tener un alcalde que acude diariamente y que gestiona en persona el ayuntamiento de nuestro pueblo es un orgullo y una suerte que, por primera vez, tenemos en Fontanarejo. No desestimemos esta suerte y hagamos entre todos que permanezca donde está durante muchos años más.

Por último, nuestro pueblo, nuestro Fontanarejo querido. Al que todos añoramos cuando estamos fuera de él y al que todos volvemos cuando el trabajo nos lo permite. En estas fechas el pueblo se llena de paisanos que un buen día tuvieron que salir a la ciudad para ganarse la vida; en estos días las Casas Rurales se llenan de turistas que pasean por nuestras calles y plazas de Fontanarejo y a los que saludamos agradeciendo su visita a nuestro pueblo; en estas fechas el pueblo se llena de niños que corretean por sus calles, que montan en los borricos y les resulta atractivo y novedoso; niños a los que todo el pueblo les habla y les pregunta de quién son; niños que juegan en la verbena bajo la mirada atenta de sus padres, todos en familia; que cuando regresan al colegio les cuentan a sus amigos que han estado en su pueblo; que en sus trabajos pintan en papel las casas, los árboles, los borricos que tanto les gustó de Fontanarejo; que dicen a sus profesores que han estado en su pueblo, que tienen pueblo al que van de vacaciones. En estas fechas, el pueblo entero rebosa alegría por sus calles; la gente participa en todos los actos religiosos en honor de la Virgen y de San Roque sacándolos en procesión por sus calles y asistiendo a la Santa Misa que nuestro párroco Luis dice para todos. En estas fechas, los bares de nuestro pueblo son un lugar de encuentro, de intercambios de opiniones entre nuestros paisanos, entre los turistas que nos visitan y que siempre se marchan contentos con el trato que les damos. La peña del Salón, con Isabelo, Florisio, Cele, Julián, Maximiliano, Eloy, Marceliano … tantos y tantos amigos, a la cual voy cuando puedo, es un lugar donde muchos jubilados pasan ratos maravillosos y cuentan muchas de sus experiencias vividas. Un lugar donde yo aprendo historietas que a veces plasmo en Internet, en mi Blog, para lectura y disfrute de todos cuanto lo leen.

Amigos y amigas de Fontanarejo, el pueblo está más unido que nunca. Y tenemos líderes que nos llevan por el buen camino. Tenemos personas que arriesgan individualmente sus intereses a favor de todo el pueblo; por tanto, con la seguridad y tranquilidad que ello nos da, hagamos las Fiestas de Agosto. ¡Paisanos, ahora toca la diversión controlada, el jolgorio! En fiestas cabe casi todo, con el respeto que siempre hemos tenido por los demás y por nosotros mismos. Seguro que dormiremos un poco más por la mañana; seguro que comeremos un poco más en las comidas, todas ellas especiales para que estén mejor que las tapas del bar; seguro que estaremos en la verbena, a veces sentados, a veces bailando hasta que los músicos de cansen de tocar; como otras veces, nos haremos un poco los remolones en salir a bailar los primeros, esperaremos a que el cantante nos diga ¿es que en este pueblo no se baila?, de manera que le haremos llegar que lo que nos gusta bailar son “pasodobles”. A partir de aquí, verbena llena y cantante contento. Paisanos, las fiestas no las hace el presupuesto que el ayuntamiento aporte, sino la disposición y la participación de la gente, ¡las fiestas las hace el pueblo! Cuántas veces se hicieron bailes, en el Salón de Cele, que duraron toda la noche con la música de una botella de anís y un tenedor। Duraron toda la noche porque los hacía la gente que amigablemente quería divertirse, como hacemos en Fontanarejo.

Amigos y amigas, tenemos todo un programa de fiestas por delante, tonto el que se lo pierda, pues no tendremos otro hasta el año que viene. Vamos a disfrutar de la presencia de las reinas 2010, Sheila Martín y María Luisa Fernández y de las damas de honor, Carmen Prieto y Rocío Pavón. Vamos a participar en las actividades programadas, vamos a ir de espectadores a los concursos, vamos a aplaudir a nuestros hijos en sus competiciones, vamos a olvidar los problemas por estos días en espera de buena solución, vamos a rascarnos el bolsillo en busca de dinerillo que gastar, vamos a mostrar nuestra cara buena en la calle, vamos a ser agradecidos con nuestra familia, vamos a ser, en general, un poco altruistas durante estos días. Todo por nuestro pueblo al que adoramos.

Paisanos, amigos, visitantes de Fontanarejo, yo Baldomero Arias como Pregonero de este año de gracia de 2010, os transmito la ORDEN del señor Alcalde: … … ¡que empecéis ya mismo las fiestas!, … ¡que no esperéis más y que todo el pueblo comience la chasca de una vez! ¡¡ÁNIMO!!


¡QUE VIVA FONTANAREJO!
¡QUE VIVA CASTILLA LA MANCHA!!
¡QUE VIVA ESPAÑA!


Baldomero Arias Muñoz (agosto, 2010)